sábado, 27 de diciembre de 2014

2wTree Notebooks, start something that matters.


2wTree notebooks in a stationer´s shop in Bugis, Singapore.

“I heard in the world, there’s a bird without legs. It can only fly and fly. When it’s tired it sleeps in the wind. It lands on earth only once in its life. That is when it dies”.
“Days of Being Wild” by Wong Kar Wai.
 
 
    “We all are legless birds” concluded Narunya Kes after finishing our sabbatical period, an enjoyable time off of our life in the middle of 2014 that both of us decided to enjoy together avoiding any kind of interruptions due to companies or work issues. 
   
   We never planned to be very ambitious in targets but a recipe for a quiet life around our lovely families for a few months was not the answer for the initial expectations of our time off. We used to read and listen to personal work experiences of well known designers and entrepreneurs as Anton Corbijn or Yayoi Kusama or Steve Jobs, who never were satisfied with the status quo. They wanted to change the things and make things happens. The world has never been changed by unambitious people. We learnt from them that ambitious people have high expectations of themselves and others. They reach for the stars. Although for us the stars are too far to go now but living in Singapore, Machu Picchu (Perú) is likely the furthest iconic place for visiting closed to our antipodes.
  
2wTree notebook, from our series of Perú limited edition. 
"Aim for the moon. If you miss, you may hit a star" by W. Clement Stone.  
   The core skill for our travelling was very simple: listen actively. We can only understand other people if we listen to them. The simple act of listening builds rapport at the same time as building our knowledge of the people we want to influence. Our work experience proves that the great dividing line between stress and pressure is control: people under pressure who still have control over their fate can perform exceptionally well. People under pressure who have no control over events quickly discover stress and burnout. 
 
   As a general rule, we value what we earn more than what is free. Along our trip we shared chocolates, champagne and stories. The first two have monetary value, the last one has personal values. We learnt that telling stories is a sort of generosity which builds influence and power. The most precious moments in our journey tended to be things like time and recognition shared. We believe that when you give people your time, you are investing your most precious and limited resource in them: people respond to that vote of confidence. When you give them recognition, that is also a vote of confidence in them. Once you have made the investment, you can expect to ask for a return on that investment: most people will give willingly. You have set up the process of give to take. We tried to materialize this process by using generosity. We created our souvenirs from our own visions during the trip. We designed notebooks from our pictures and statements of the visited places and we offered them to our friends. Enthusiastic and proactive friends capable to develop an entrepreneurial mind taking the risk of going out of the comfort area and find the magic of having their own adventures in this wonderful world. Friends who are legless birds working in places far from home like us. We rediscovered our happiness by design and we knew about happiness by generosity.
 
   Generosity is the art of taking by giving. Generosity is a habit. Fortunately, it is a habit that can be acquired. It is not just profitable to give, it is also enjoyable. Being generous with the personal time appears to be suicidal when there are so many day to day pressures to meet. But by creating a network of alliances, mutual obligations and debts which can be called in, the influences invests heavily in the future. It is an investment which saves time and raises performance in the longer time. And the meaner issues becomes, the easier it is for a selfless and generous person to stand out and become influential.

   For many people, the greatest barrier to success is in their heads. It's time to continue imagining our future beyond the fears and repressions. Time to flight to different places than the original one, to engage with them and simply write our history. It is time for legless birds.

Written by Miguel Vélez & Narunya Kes.
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   Be a part of "Legless birds Movement" and get your 2wTree Notebook Limited Edition contacting us by email 2wtree.design@gmail.com and just start to write your own story.

domingo, 7 de diciembre de 2014

The Power of Time Off.


Ganesha, el díos elefante tallado en madera.

   La nueva terminal del aeropuerto de Bali ya está operativa y mi participación durante la construcción del edificio hace que en mi cara se dibuje una sonrisa. Durante el trayecto de avión he recordado historias que me contaron algunos compañeros de trabajo indonesios en la inspección final del proyecto. A ojos de los locales, esta isla tiene más de infierno que de paraíso a disfrutar como piensan la mayoría de extranjeros que la visitan. Una realidad que me afectó de manera inesperada hasta el punto de empezar a limitar los viajes de empresa con ese destino. Pero esta vez todo será diferente. Yo acabo de empezar mi sabático y tengo mi objetivo claro para satisfacer este sueño: conocer a varios artesanos de los que he oído hablar y viven un pueblo llamado Ubud en Bali. La artesanía de esta isla es algo que siempre me sorprendió y después de mi fascinación con el trabajo de varios artesanos en Myanmar volver aquí era algo obligatorio. La elección de una temporada sabática se debe a la inquietud que me generó el hecho de poder disfrutar una experiencia similar a la que realizó la ilustradora gráfica Julia Beamud, quien consolidó su marca Chatibuky durante los meses que duró su sabático en Reino Unido. El recuerdo de su aprendizaje es algo que me genera buen sabor de boca (lo puedes leer aquí). Ubud tiene además el atractivo de ser el mismo lugar que Stefan Sagmeister escogió para realizar una de sus temporadas sabáticas que dice hacer cada siete años para así regenerar sus ideas y obtener nuevas líneas de exploración para continuar desarrollando su trabajo como diseñador en su pequeño estudio de Nueva York. Desde que escuché su discurso, algo tremendamente arrollador para cualquiera que se preste a escucharlo, defendiendo el valor del tiempo libre y exponiendo claros ejemplos realizados en Ubud, no he tenido días vividos en Singapur que no hay tenido la tentación de dejar mis labores actuales para ponerme a explorar mis propias inquietudes por un tiempo determinado. La búsqueda de los lugares de los que habla en su discurso se convierte en una de las prioridades a mi llegada.

   La trama urbana de Ubud es relativamente básica. Se trata de dos calles principales conectadas entre sí por calles perpendiculares. Las aceras rara vez tiene más de un metro de anchura por lo que resultan fácil verse andando entre coches y motos, incluso crear atascos sin apenas darte cuenta mientras le preguntas al guardia de tráfico de turno. Las edificaciones que conforman las dos calles principales suelen ser de dos alturas en su mayoría. Detrás de ellas, los arrozales a modo patio interior y que sirven de vistas para muchos de los restaurantes que allí encuentras. El mercado central, las calles que le rodean y el famoso Monkey Forest (Bosque de los monos) definen el itinerario principal del pueblo. Todo esto es mi escenario tan sugerente para mis próximos cinco días. Un telón de fondo donde contrastar las historias que he ido escuchando tiempo atrás. Los días acompañan para saciar mi curiosidad y están siendo muy soleados. Me he alquilado la motocicleta típica para desplazarme más rápido. Salirme de la ruta turística que ofrece el pueblo satisface mi espíritu aventurero y me lleva a terrenos más realistas donde la vida se muestra bastante cruda, dura y seca. Por momentos, el fantasma del infierno balinés vuelve a mi cabeza y no me siento cómodo. Decido hacer la vista gorda y me meto en varias casas que almacenan objetos de artesiana en la entrada para preguntar por sus métodos de trabajo. Mi presencia es como la de un extraterrestre pero noto que más que incomodarles les agrada. Ellos me ofrecen sus contactos personales con la esperanza de hacer algunos negocios en el fututo cercano. Occidentales ha habido ya muchos por aquí y para los locales yo no dejo de ser otro blanco inofensivo más, de aquellos que disparan con su pequeña cámara fotográfica sin que a ellos les importe. Mientras me explican su trabajo empiezo a pensar que realmente he venido aquí para hablar con otro tipos de artesanos, tal vez más auténticos, pero lo que encuentro en los tres primeros días son tallas de madera sin nada relevante que me haga pensar que son especiales. Lo que veo no me satisface pero, al menos, me ayuda a entender el sistema de aprendizaje informal que usan como patrón. La mayoría de los talladores de madera me cuentan algo muy similar, aprenden sus habilidades de algún artesano bien establecido en la zona, a menudo un miembro de la familia o vecino, y ese conocimiento se lo pasan a sus sucesores. Las tallas con los motivos decorativos más interesantes proceden de lugares que me suenan a portugués y guerra, Timor Oriental. Lo que hace cuestionarme la existencia de una artesanía verdadera local. La gran preocupación en este negocio de venta y compra de grandes tallas de madera no es tanto el precio, el cual puede variar de la noche a la mañana en cuestión de minutos al negociar con los locales, sino el transporte al destino del comprador, debido a la desconfianza que genera en el comprador. Pero ellos siempre ofrecen el socorrido seguro de viaje por un puñado más de dólares.

    Al regresar a Ubud me encuentro algo cabizbajo e insatisfecho. La curiosidad de la noche se centra en saber donde escucharé las versiones de canciones de la música pop y rock de las bandas musicales con la que he crecido. Da igual en que parte de Bali te encuentres, es una norma aquí que las bandas de música locales siempre sepan darle ese toque especial y exótico a tus canciones favoritas. Ese será el mejor momento de la noche del que disfrutar de no sé bien cuantos gin-tonics. Hasta entonces me pongo a andar por una de sus calles y una tienda menuda de artesanía local llama mi atención. Desde afuera puedo ver los perros tallados en madera que Stefan Sagmeister dice usar como patas para la silla que diseñó durante su estancia en Ubud en colaboración con un artesano local, I Wayan Pasti. Una vez dentro, observo con detenimiento sus perros tallados en madera. Los detalles son exageradamente reales. La técnica mostrada en sus tallas es apuradísima. Sublime pero me cuesta encontrar su belleza. Aún así, me tomo todo el tiempo del mundo en descubrir lo máximo que pueda sobre este artista local. Saber de él me lleva a algo que ya intuía y la conversación se centra en las artrosis de sus manos. Parte de sus dedos ha perdido el cartílago en los extremos de sus huesos ronzándose directamente. Otra parte ha disminuido la viscosidad del líquido sinovial y algunos huesos han reaccionado estimulando su crecimiento lateral. Todo ello le produce dolor. Un dolor que le obligó a jubilarse años antes de lo provisto. El año de su jubilación parece contradecirse con el año de la estancia de Stefan Sagmeister en Ubud. El temor que me genera la posibilidad de que la historia que cuenta en el video no sea del todo cierta me obliga a dar un giro al viaje y dar por zanjada esta parte del viaje. Me centro en conocer a un indonesio recomendado por un amigo de la universidad, alguien a quien no veo frecuentemente pero que cuando se cruza por mi camino sus comentarios se convierten en mis futuras experiencias vitales. Algo que se viene repitiendo intensamente desde hace ya bastante tiempo.

    Mi nuevo objetivo tiene nombre: Made Leno, quien vive en Kemenuh cerca de Ubud. Montado en moto una vez más me dirijo a su búsqueda.

Made Leno con gafas en la parte central.

                            Sobre la historia de Made Leno, leer "Historia de un contrato" aquí

sábado, 15 de noviembre de 2014

#2wTREE_007 - Thomas Heatherwick, cuestión de oficio.


"Learning Hub" en Nanyang Technology University.


                                          
"Así pues, el edificio no dispone de una puerta, es todo poroso.
Entrarás a un gran espacio compartido que unifica todo el conjunto"
Thomas Heathwick   

   El edificio estaba aún sin terminar. Yo entré, subí, bajé y salí por el lado opuesto a la entrada. Los paneles de hormigón prefabricado son todos diferentes, los paneles “in situ” también. Cada metro cuadrado de la obra tiene un detalle específico, tantos como si de una oda a la artesanía se tratase su nuevo diseño. Me recuerda a la arquitectura de Antoni Gaudí, quien fue capaz de hablar con naturalidad de cada uno de los oficios que definían sus edificios. 

   Mi compañero filipino es quien lleva este proyecto y, a mi entrada a la oficina, me pregunta como siempre que cómo estoy en perfecto castellano. Yo le respondo en tagalo que mabute (bien) y le pregunto si conoce personalmente al arquitecto y su obra. Me dice que sí y que es un hombre muy callado y accesible, pero de su obra no sabe nada más. A veces, Singapur también es así. 







    "Anteriormente la universidad fue el lugar al que veníamos porque tenía los ordenadores y/o los libros. Ahora podemos estar desde nuestra habitación con nuestro iPhone y trato con los diferentes profesores para obtener el doctorado. Entonces, ¿Cuál es el propósito de la universidad como edificio?”.- explicó Thomas Heatherwick su concepto del edificio en un discurso en el World Architecture Festival en Singapur el año pasado.
 
   En respuesta, la universidad quería disolver la relación tradicional entre el tutor y el estudiante, para fomentar un nuevo tipo de estudio colaborativo. "Los alumnos ya no quieren el modelo de un maestro en el frente de la clase. Esto es algo de lo que quieren alejarse por completo. Así pues, el edificio no dispone de una puerta, es todo poroso. Entrarás a un gran espacio compartido que unifica todo el conjunto".- dijo Heatherwick en su conferencia. 
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   Thomas Heatherwick (Londres, 1970) es un diseñador inglés, conocido por el uso innovador de materiales e ingeniería en monumentos y esculturas públicas. Lidera el Heatherwick Studio, un estudio de diseño y arquitectura fundado en 1994.
 
Este entrada es consecuencia del artículo "El oficio y las manos", el cual me ayudó a entender mi oficio de otra manera. Lo encontrarás aquí.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Historia de un contrato.

Recorte de prensa colgado en una de las habitaciones para huéspedes en la casa de Made Leno.

   Al llegar a Indonesia sé que no puedo estar en ningún otro lugar del mundo, podrían llevarme con los ojos tapados y nada más pisar uno de sus aeropuertos, en cualquiera de sus ciudades, sabría dónde estoy sólo por el olor dulce y picante de los cigarros de clavo y la esencia de frangipani.  Quizá es posible enamorarse de un país como de una persona, ver en él cosas que, por alguna razón, no encuentras en otros; conectar de forma especial, sentirte atraído por su carácter, haberlo vivido con una intensidad especial; países que se aprovechan de tu estado de embelesamiento para lograr que sus defectos te pasen desapercibidos y sus virtudes se te aparezcan siempre en el camino; lugares a los que estás pensando volver cuando todavía no los has abandonado. Indonesia es para mí ese país.

   Made Leno aprendió a tallar madera a una edad muy temprana, de su padre. Fue a la escuela de arte donde allí estudió dibujo. Cuando habla de su trabajo transmite la confianza de quien tuvo la habilidad técnica para producir todas las tallas en madera que se le propusiesen a diferentes escalas. Ha imaginado muchas estatuas simplemente viendo un tronco de madera y ha hecho realidad muchas de esas visiones con la ayuda de sus manos. Desde los dioses Siwa y Ghanesa, a los héroes de las grandes epopeyas hindúes como Rama y Hanoman. También ha tallado budas e, incluso, se ha atrevido con gente y animales comunes. Pero mucho antes de entrar de lleno en nuestra conversación, él me hace saber de la artrosis de sus manos que, al igual que otros compañeros de su gremio, le produce mucho dolor. Su carrera como artesano terminó también hace ya algún tiempo. Sobre la mesa tiene preparado el folleto de la exposición que realizó bajo las órdenes de un artista australiano, Rodney Glick. Su primera colaboración y su último trabajo artístico. Un recuerdo que aún tiene presente y que le supuso un debate interno muy intenso ya que tuvo que decidir entre la necesidad de cambiar las viejas tradiciones de su oficio, heredado de su familia, o la de modernizarse para poder pagar la educación superior a sus descendientes. Él dice haberlo superado ya mientras, al mismo tiempo, es capaz de contarme todas las emociones de aquellos días de trabajo con una gran cantidad de sensaciones perturbadoras. La encrucijada en la que estuvo inmerso Made Leno fue la misma que tarde o temprano atrapa a muchos artesanos de tradición. A veces resulta que las necesidades humanas son demasiadas para poder vencerlas todas juntas en esta vida y, en su caso, lo mejor que encontró fue desprenderse de lo aprendido. Nunca antes había firmado un contrato anteriormente para tallar piezas de madera y con su firma creyó asegurarse la felicidad de los suyos.

   Con el paso de los años Indonesia ha seguido siendo para mí el lugar especial de siempre, pero nuestra relación ha madurado, hoy se parece más a la de un matrimonio que ha perdido la chispa de la novedad, pero se sigue queriendo. No miro a los días pasados con melancolía, puede que para mí fueran tiempos llenos de aventura y emociones, pero eran tiempos duros para gente a la que aprecio. Nada es rutinario en mis regresos a Indonesia salvo por la forma en la que la imagen de aquellos dos compañeros que durante la construcción del aeropuerto de Bali sucumbieron en lágrimas de desesperación para contarme uno, el calvario que tenía para encontrar mano de obra especializada en soldar acero inoxidable en un país donde si hay un censo real, se coloca como el cuarto país más poblado del mundo y, el otro, la imposibilidad de pagarse un billete de avión al norte de Sumatra para ver a su hija de nueve meses que aún no conoce. Lágrimas que caían en la playa de Kuta mientras recuperaban los motivos para la esperanza. O, al menos, yo trataba de encontrarlos. En una batalla que a menudo veo perdida y en la que cada poco tiempo recupero las fuerzas gracias al coraje y la compasión que algunos hombres y mujeres muestran en mitad de la marabunta que supone el drama de la migración a la que se ven empujados millones de seres humanos, nacidos en las zonas más pobres del planeta y que huyen de la pobreza. Nunca pensé que Kuta, el lugar de mis primeras vacaciones después de decidir mudarme a vivir en el corazón del sudeste asiático, fuera a ser el decorado para mostrarme la melancolía que padecían mis compañeros. Desde esta playa siempre he contemplado algunos de los mejores atardeceres que he visto y es aquí, donde muchos jóvenes indonesios venidos de otros lugares llegan primero a pillar el color moreno y después a intentar saciar el sueño erótico balinés de satisfascer a una de las turistas japonesas de la temporada mientras muchos otros blancos se empeñan en hacer surfing con éxito escaso. Tener una novia japonesa es algo muy común para muchos de los que viven en la isla de Bali. Made Leno no es diferente a los otros que conozco. Entre las fotos que me enseña sobre su trabajo aparece una muy reciente. Muestra dos familias compartiendo risas durante una cena que escenificaba la historia de un rencuentro con la novia japonesa de su juventud. Ella soñó que él había muerto y emprendió un viaje familiar desde Tokio a Bali para ponerse en su búsqueda. Se rencontraron en el mismo lugar donde ahora yo me hallo, un pequeño pabellón restaurado de madera que Made Leno mandó traer desde Yogjakarta, el cual usa de salón de encuentro y comedor donde hablar con los diversos huéspedes que se acomodan en los diferentes pabellones de su casa. Ha caído la noche y bajo la techumbre se iluminan muchas de las tallas de madera que podrían servirme de pretexto para seguir escuchándole contar más historias. Planeamos mis visitas del día siguiente y nos despedimos hasta la mañana siguiente. Los ruidos de los animales me despertaron varias veces en medio del silencio de la noche.

Talla de madera hecha por Made Leno.
   Tiene Indonesia un lado oculto y primitivo que hace que sus gentes sean siempre impredecibles, un lado que me desconcierta, y, a la vez, me fascina. Lo mejor y lo peor de la condición humana se presentan a menudo de forma cruda en Indonesia, a diferencia de otros lugares donde nuestras virtudes y faltas, igualmente presentes, han sido maquilladas por el tiempo y pulidas por los convencionalismos. Indonesia ha sido testigo de la violencia más salvaje y Made Leno lo sabe. Su colaboración con Rodney Glick estaba dando sus frutos. Las estatuas que ambos generaban estaban gustando en las exposiciones que se realizaban en algunas galerías de Australia y Europa. Su relación cambió cuando saltó a las noticias la decapitación de un travestí indonesio en las calles de Jakarta. El artista australiano le pidió tallar al decapitado en posiciones diferentes para hacer lo que sería una exposición denuncia sobre este acontecimiento. Made Leno empezó con su trabajo. Los días pasaban y las primeras tallas iban llegando. El australiano  pareció obsesionarse más con la noticia y Made Leno empezó a sufrir pesadillas con sus tallas de madera. Las primeras reacciones se produjeron en su entorno más inmediato cuando sus amigos y compañeros dejaron de prestar atención a su obra. Más tarde fue la trascendencia que fue tomando unas críticas recibidas al exponer parte del trabajo en una pequeña galería de arte de Ubud. El grado de insatisfacción iba en aumento junto al delirio artístico del australiano, quien creyó que la necesidad de Made Leno de ofrecer una vida mejor a sus hijos ofreciéndoles una educación superior podría servirle como pretexto para exigirle más producción a cambio de un poco más de dinero. Nunca pensó en odiar tanto como estaba ocurriendo lo que había sido la gran pasión de su vida; tallar madera. Y con este sabor agridulce quiso poner final a la historia de su único contrato. Citó al australiano, explotó en cólera exponiendo sus motivos, rompió el contrato y abrió la puerta a otro estadio de su vida. Ese lado primitivo de Indonesia debe estar a la fuerza relacionado con el nacimiento salvaje de esta tierra, dividida en miles de islas que surgieron de la explosión hace miles de años de las entrañas de la Tierra. Debió ser un parto difícil y fueron tantas las islas resultantes que los líderes del mayor archipiélago del mundo siempre han tenido la curiosidad por saber cuántos pedazos de tierra tenían bajo sus dominios. Al principio el recuento lo hicieron los colonizadores holandeses sumando a dedo desde sus barcos y, claro, se dejaron miles de rocas por contar. Más tarde se envió a los cartógrafos en avionetas, desde donde iban anotando las islas que se veían desde lo alto y que parecieron ser unas 13.000. Avanzaron los aeroplanos y los medios de cartografía, se emplearon los más modernos sistemas de fotografía por satélite y se llegó a la conclusión de que Indonesia tiene exactamente, hasta un próximo recuento, 17.508 islas en las que viven cerca de 300 grupos étnicos y se hablan 583 lenguas y dialectos diferentes. 

   La explosión de Made Leno me sirvió para entender la mía propia en mi último trabajo. Dentro del avión de vuelta a Singapur, empecé a mirar por la ventanilla buscando muchas de esas islas indonesias con la tranquilidad de quien sabe ir encontrándose a modo de pedazos mientras abre la puerta correcta para seguir adelante en esta vida. 
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   La parte del texto escrito en azul pertenece al libro Hijos del Monzón de David Jiménez, a quien quiero agradecer personalmente el permiso que me ha dado para poder usarlo y servir de inspiración a la hora de cómo narrar esta historia. Muchas gracias desde Dhaka, Bangladesh.

  
Cercano al poblado de Ubud podrás alojarte en el hospedaje de Made Leno y disfrutar de su arte e historias.
La casa se encuentra en Banjar Tengkulak Tengah, Desa Kemenuh. Es la única de madera y todo el mundo lo conoce es su villa. Hoy es frecuentado por muchos arquitectos, ingenieros y artistas venidos de lugares muy distintos. Todos han escuchado a hablar de él. Todos disfrutan de la buena comida preparada por su mujer servida en la gran mesa de madera que domina el espacio de la recepción de su maravillosa casa.

   Conoce la primera parte de esta historia "The Power of Time Off".

lunes, 3 de noviembre de 2014

#2wTREE_006 - Yamamoto en un sótano de Bangkok.


Foto de Nicolas Guerin cortesía de Getty Images

"Japón es un país con recursos muy limitados. Su gente debe usar su conocimiento y
creatividad para sacar el máximo provecho de lo que tienen en estas circunstancias tan restrictivas"
Yohji Yamamoto.


   La primera vez que supe de Yohji Yamamoto fue a través de la película "Notas sobre ciudades y ropa", un documental sobre el modisto japonés realizado por Wim Wenders por encargo del Centre Pompidou de París en 1989. Wim Wenders es aquel director cinematográfico alemán que hacía recorrerme muchos de los cines de Madrid en busca de las proyecciones de sus películas y hasta tuve un día con suerte de encontrármelo en la esquina del Círculo de Bellas Artes en la calle de Alcalá andando con dos zapatillas de colores diferentes con cordones y suela blanca, lo que le daba ese toque indie suficiente para hacer  pasar desapercibida su avanzada edad. Se sacó una cámara fotográfica compacta del bolsillo y cazó el sol escondiéndose al fondo en la plaza de mismo nombre. Con los años yo también sé sobre la utilidad de viajar con cámara compacta, de hecho lo mío ya empieza a ser devoción. Cuando hace unos días atrás aterrizaba en Bangkok y cacé con mi cámara el cartel de la exhibición del modisto japonés en una de las calles de esa ciudad inconcebible, que por más que quiera cada vez que la visito la entiendo menos, allí me dirigí en taxi con toda mi inquietud armándome de paciencia por tener que lidiar con un taxista tailandés una vez más.

El cartel de la exhibición del modisto japonés.
    Yohji Yamamoto es un diseñador de moda japonés que viajó de París a Bangkok hace más de treinta años y quedó atrapado en la duda de cómo podría desarrollar su profesión en un lugar cuyo clima ofrece tan pocas variaciones de temperaturas. La monotonía en la ropa no deja de ser más que una frivolidad para los que sufrimos el calor del trópico y probablemente sea este el motivo que le sirviese para no volver nunca más a Bangkok, lo que no quita que su práctica laboral haya servido de influencia y positivismo a muchos diseñadores de moda de esta ciudad. Él es de los que saben vender su marca, y lo hace muy bien, empezando a hablar siempre de su infancia; desde el recuerdo que dice tener aún latente de la desaparición de su padre en una de las trincheras de La Segunda Guerra Mundial, hasta los esfuerzos de su madre como costura para sacarlo adelante en medio de las ruinas de una guerra que no había dejado rastro de lo que era la civilización japonesa. Esta experiencia tan temprana acabó por desatar una gran furia y cólera sacándole las energías necesarias para saber como poder afrontar su futuro. Las imágenes de un Tokio destruido por las bombas junto al traje de luto que usaba su madre fueron perfilando su sentido de estética para su trabajo. En ausencia de su padre, proteger a su madre se convierte en su gran responsabilidad, lo que fue clave en sus primeras creaciones de moda.  Yohji Yamamoto entendió que la mujer no sólo se puede limitar a llevar los uniformes de la época y consciente de la dureza de la vida, quiso proteger a las mujeres del tiempo, la mirada lasciva de los hombres y de la influencia del conformismo de la moda. Su momento de rebeldía ocurre en la tienda de ropa de su madre situado en Kabukicho, barrio rojo de Shinjuku, donde estaba expuesto a un bombardeo diario de mujeres bonitas compitiendo con sus encantos para ganarse a sus clientes. De ahí, su determinación para no recrear en sus trabajos el estereotipo de mujer japonesa dulce y sexy que el mundo desea. Las mujeres que frecuentaban la tienda de su madre querían ropa hecha a medida como las aparecidas en las revistas occidentales, pero para Yohji Yamamoto los patrones occidentales nada tenían  que ver la figura y proporción de la mujer japonesa. Estableció como norma general en sus diseños trascender en la línea tan rígida establecida entre la ropa formal clásica y la casual de esa era. Entonces, con esta visión lanzó su primera línea de ropa bajo el nombre de Y´s en 1972 y, poco tiempo después, aparecieron los “karasu-zoka”, los clientes y fans de su ropa, quienes visten sus creaciones negras, sobredimensionadas y casi sin forma.

·Quizá la moda y el cine tengan algo en común".
     En 1981 recibió una invitación junto a Comme des Garçons para mostrar su colección en París. Está en Occidente, ese lugar cuya ropa conocía gracias a las revistas que las llevaban a la tienda de su madre. Un lugar donde la ropa de mujer se hace con las medidas precisas para acentuar la forma femenina como la insinuación del escote con la línea del cuello o la definición de la línea de las caderas con prendas ajustadas. En París es consciente del valor de sus diseños, una manera de hacer donde el  espacio creado entra la ropa y la piel tiene tal holgura que se distingue así como diseñador de moda definiendo su marca personal, consecuencia de su experiencia vital en la infancia y posterior rebeldía hacia lo local. El interés que despertó con sus creaciones en Occidente le abrió la puerta a la magia de las colaboraciones y junto a Kawakubo e Issey Miyake revolucionaron el mundo de la industria de la moda japonesa. Su concepción de la moda como arte le llevó a exponer en el Centre Pompidou en 1989, quien encarga a Wim Wenders hacer un documental sobre Yohji Yamamoto y su mundo. En un momento de la película, el modisto japonés le dice al director alemán: “Quizá la moda y el cine tengan algo en común. Y hay algo más. Este film me da la oportunidad de encontrarme con alguien que ya había despertado mi curiosidad, y que además, ya había trabajado en Tokio”. De manera paralela a su línea de moda para hombre y mujer, va desarrollando colaboraciones para otras marcas como Hermès, Mikimoto y Mandarina Duck. Hizo diseño de vestuario para la compañía de danza de Pina Bausch y Takeshi Kitano. Incluso ha llegado a vestir al Real Madrid para la Liga de Campeones en esta temporada 2014-2015. Pero tal vez, sea la colaboración con Adidas la que más éxito e influencia ha tenido consolidándose en el mercado bajo la marca Y-3. Como resultado de todas estas sinergias producidas por las interacciones realizadas a cabo con otros artistas entiende el valor de la artesanía local japonesa y con ella satisface las necesidades de sus diseños. Materializa su producción al emplear fábricas locales pequeñas y familiares para así preservar el intangible patrimonio cultural inmaterial del que tanto aprendió ayudando desde pequeño a su madre. Para Yohji Yamamoto “la buena ropa debe ser producida por las manos de aquellos que verdaderamente entienden su propia creación”. Las ganas de explorar, buscar nuevos retos y encontrar nuevas posibilidades son razones que le hacen un diseñador de moda muy diverso. 

Fotograma de Notas sobre ciudades y ropa, de Wim Wenders.

   La exposición de Yohji Yamamoto en un sótano de Siam Center de la ciudad de Bangkok tiene todo para decir que fue la mejor manera de acabar mi temporada sabática visitando diferentes lugares durante mis tres últimos meses. Cada esquina, cada detalle de la exhibición recoge muchas de las conversaciones que he tenido a lo largo de mi viaje con gente de muchas partes distintas del planeta y sino fuera por esto, no hablaría de alguien quien es sobradamente conocido. Pero su infancia, rebeldía, visión laboral, influencia, interacción, localismo... son patrones comunes a muchas personas cuyo trabajo admiro. En el caso del trabajo de Yohji Yamamoto llega 12 años después de ver aquel documental de Wim Wenders, una película que en su día apenas entendí y que ahora con la visita a esta exposición me aporta la felicidad de saber que he cerrado un circulo más en lo que está siendo mi viaje. Un viaje que empezó con la admiración de las manos de los artesanos en una pequeña localidad de Myanmar. Sus productos eran muy singulares. Llenos de asimetrías e imperfecciones. Tal vez trabajar con las manos resulte algo muy local pero hay patrones que se repiten y conducen a lo que podriamos llamar una artesania global. 

(leer El oficio y las manos, aquí.)

miércoles, 15 de octubre de 2014

#2wTREE_005 - La mentira de los discursos.

Soo Jin Yim-Heil en una de las performances realizadas, Souvenirs.

   “El mundo parece haber tomado el camino de la barbarie, nos han quitado derechos y recursos, pero sobre todo nos han quitado las palabras. Libertad, justicia, solidaridad, amor, alegría, ya no significan, les han quitado su significado y las han llenado de ruido y basura para que no sepamos qué somos. Hoy más que nunca es necesario volver a la poesía para oír palabras verdaderas y amortiguar la mentira de los discursos”. Todo esto sostiene José María Guijarro, un artista cuya caligrafía se asemeja al tailandés antiguo.

   El pasado 10 y 11 de octubre se presentó el Festival de Poesía Visual 2014 en La Casa de Quevedo en Torre de Juan Abad, Ciudad Real. Se trató de un programa multidisciplinar consistente en dos performances y dos exposiciones. Una iniciativa de un grupo de amigos que trabaja en el ámbito del arte: la coreógrafa y bailarina de Corea del Sur, Soo Jin Yim-Heil, el escritor y crítico de arte alemán Heinrich-Heil, y el escultor español José María Guijarro

   El programa 2014 giró en torno a dos temas. Uno es el drama de la migración a la que se ven empujados millones de seres humanos, nacidos en las zonas más pobres del planeta y que huyen de la pobreza. Es el motivo de una performance (Próxima Estación) que se realizó en medio de una instalación de esculturas, y que se estrenó en Burgos 2010. El otro tema de este Festival es el recuerdo de la Primera Guerra Mundial, desde el punto de vista del dolor y el destrozo del cuerpo humano, sea cual sea la nacionalidad del combatiente, y materialmente se desarrolla con otra performance (Souvenirs), un videomontaje y unas esculturas de madera. Se da la circunstancia de que Souvenirs que estrenó La Casa de Quevedo, se representará el 20 de noviembre de 2014 en el Instituto Heinrich de Düsseldorf, que, interesado en este Festival de Poesía Visual, quiere coproducir con La Casa de Quevedo, los próximos programas de este Festival, que se representaría en todo o en parte de ambas instituciones.


   El director de La Casa de Quevedo, José María Lozano, citó en su discurso de apertura del Festival que “el hombre destruye al hombre, pero también crea belleza”. Una magnífica frase que acabó convirtiéndose en algo premonitorio de lo que los espectadores iban a presenciar en los dos días de festival. La noche del viernes nos dejamos llevar con los movimientos de la bailarina entre las infinitas sillas de madera y la buena música de las dos performances hasta que un fallo técnico a mitad de la segunda, Souvenirs, obligó a repetir la performance desde el principio. El fallo volvió a estar en el mismo instante y, ahora sí, el silencio puso en jaque al colectivo artístico evidenciando la falta de trabajo en equipo. La performance fue cancelada generando frustración entre todos: artistas y público. Con una sonrisa amarga nos fuimos de allí cabizbajos a la espera del día siguiente. En mi opinión, saber trabajar en equipo facilita el camino al éxito y es todo un reto en equipos multiculturales, de ahí mi rabia al ver como el ego de los artistas quiso apuntar a un miembro del equipo como culpable. Ya con la lección aprendida para el sábado, este grupo de amigos facilitaron con su montaje olvidarnos de lo mundano ocurrido en la noche anterior y, entonces, fue cuando el hombre creó belleza. La poesía del arte se adueño del silencio regalándonos una velada intimista diferente a las otras muchas que la Torre de Juan Abad ofrece. Finalmente pudimos entender que toda la obra, Souvenirs, se articulaba en torno a un destrozo corporal producido por las granadas y los gases tan utilizados en la Primera Guerra Mundial, una guerra de trincheras, ballonetas, gases y granadas. Es la guerra que más mutilados produjo (como en la Civil española) y provocó tanta investigación de prótesis para mutilados. El ahogo del gas mostaza, la pérdida de un brazo, de una pierna, de un trozo de la cara eran los cuatro cuadros que se desarrolaban en la performance, con la presencia dramática que sólo Soo Jin tiene, con la oportuna narración de Pedro Mari Sánchez de un texto del Relati de un Superviviente de Gerald Brenan, con las músicas de Inés Taddio, Mark Sabat, Arbeit, etc, pero sobretodo con el silencio. Posiblemente todo ello sea un recuerdo -el de este Festival- que quedará marcado en nuestra memoria como si se tratase de una de aquellas noches gloriosas de los veranos de nuestra infancia. ¡Chapó!


Esculturas de la instalación Próxima Estación.

   Más sobre José María Guijarro, pulse aquí.

sábado, 11 de octubre de 2014

La Red de Contenedores de Madrid.

   Con la ayuda de su cabeza e incorporándose un poco levantó la tapa del contenedor donde había pasado la última noche. Apoyó las manos en el borde y a través de la ranura hizo una inspección visual de la calle donde se encontraba. Un edificio situado al final de la misma se coronaba por el doblamiento intencionado en rojo de la decimonona letra del abecedario español amarradas por la silueta azul de una gaviota. Para él, como para muchos, las gaviotas eran el equivalente a las ratas en el aire y símbolo de la decadente situación actual. El hecho le produjo cierta gracia saliendo del contenedor para dirigirse al propio edificio. Escupió y a gusto se quedó. Después respiró y tranquilamente sacó de su bolsillo un plano doblado y muy usado que representaba de manera sencilla las conexiones que se producían en la RCM, Red de Contenedores de Madrid. Se trataba de un nuevo proyecto en estudio encargado por el Ministerio de Fomento. El encargo surgió, según declaró el gobierno, por la necesidad de nuevos medios de transportes y por aquello de explorar en el reciclaje, tema muy recurrente para realizar la desviación de fondos europeos. El objetivo era la misma privatización de la red de contenedores de basura de la ciudad, ya que estos se convirtieron en hogares minimalistas en alza, debido a los bajos sueldos y la aceptación irremediable de los contratos basura por parte de la sociedad. Habíamos llegado a una situación insostenible y, por primera vez en la historia de este gobierno, decidieron reducir presupuesto destinado a armamento militar para invertirlo en mejoras de movilidad en la gran metrópolis. Esta decisión llegó con veinte años de espera al igual que los iraquíes, que a día de hoy todavía no tenían poder para el control de su país, pero que ya esperaban amablemente. La EMT desapareció cinco años atrás al igual que ocurrió con el asfalto que aún radiaba calor. Las calles fueron cubiertas por un manto metálico, interminable, móvil, multicolor, sonoro, tóxico, de aspecto muy moderno y confuso que formaban los coches que obsesionaban a sus conductores con la idea de formar parte del paisaje urbano. Esta obsesión se debió al reciente debate nacional que copaba los medios de comunicación y que separó al país en dos, una vez más, los que estaban a favor de elevar este manto a categoría de patrimonio de la humanidad declarado por lo UNESCO y los que estaban en contra. En términos vulgares y por aclararlo de otro modo, el pueblo, en contra y que lo entendía como una auténtica vergüenza y los gobernantes, como siempre encantados. El metro seguía volando con sus malos olores constantes bajo el suelo de Madrid, que según la RAE, este suelo fue culpable de la extinción del término caro del diccionario, pues el precio de la vivienda era tan desorbitado que el término ya no hacía justicia. El metro se había convertido en un medio de transporte muy privilegiado para desplazarse por la ciudad debido al incremento de población sufrido en la última década. La población se cuadriplicó elevando el misterio de por qué ganaba la derecha cuando la sociedad se definía de izquierdas. Por eso atormentado por esta idea como la mayoría de los ciudadanos, él escupió en el edificio que se presentaba de manera solemne y omnipresente. Era la piedra angular cuyo ojo interior controla todo el sistema. El ministerio había ordenado justo aquí una parada para ellos. El criterio adoptado para la creación de las líneas de la RCM era mostrar el folclore más profundo, por eso la decoración se basaría en peinetas, abanicos, claveles, castañuelas, banderillas y toros pegados con super-glue en los exteriores de los contenedores haciendo así de ellos una imagen más reconocible para el transporte del futuro. El prototipo de contenedor gris con tapa naranja sería auténticamente desfasado con esta idea que ellos calificaron como altamente revolucionaria. El día que la presidenta de la comunidad mostró parte del proyecto a los medios de comunicación dijo “siento una felicidad plena porque yo misma he diseñado el “eurofolkontenedor”. En fin, que estoy tan feliz que os voy a bailar el chotis”. Todo el país quedó atónito con el chotis que nos bailó nuestra señora la presidenta. Después de quedarse a gusto se relajó y Pedro, su compañero de trabajo, lo llamó a gritos desde unos de los contenedores que había al final de la calle. Las manos de Pedro lo cogieron del pecho metiéndolo en el contenedor. Los olores de algunos accesos a la RCM eran difíciles de solucionar, se quedaban fuertemente impregnados en la ropa de los usuarios, lo que planteaba dos soluciones: la subida de los precios de los perfumes en un futuro próximo o, en caso contrario, la aceptación del olor como adaptación del ser humano a un nuevo medio, un paso mas en la evolución de la especie. En el trayecto mientras Pedro le contaba que en el centro había una gran manifestación como la de los tiempos del NO A LA GUERRA. Él se rajó superficialmente en la parte inferior del pecho derecho con un hierro mal colocado que sobresalía de una de las paredes y se quitó su camisa para taponar la hemorragia. Tras los veinte minutos que duró el viaje hasta Callao fueron escupidos violentamente por un contenedor cercano a la plaza. La violencia que tenían algunas de las salidas estaba siendo objeto de mejora de la red. El proyecto estaba muy verde y ya había muerto bastante personal en los accidentes laborales, algo que curiosamente no producía bajas en los censos electorales. Esto podría ayudarnos a explicar parte del misterio. Él dejó la camisa toda ensangrentada en el contenedor de turno. Sus manos tenían sangre. Él y Pedro se incorporaron a la manifestación en contra de los grandes muros que se estaban levantando en las fronteras. Según el gobierno se levantaban para recuperar el macho ibérico que estaba prácticamente extinguido, y que la anexión a la UE había acelerado la desaparición del ejemplar. Había una pantalla plana que ocupaba toda la fachada del cine de Callao. Mostraba imágenes de los gobernantes excitándose con las voces de protesta de la gente y de vez en cuando daban las gracias a los ciudadanos con gran indiferencia. Él se sintió tan indignado y le dijo a Pedro que iba a actuar. Pedro se alejó de él mientras hizo hueco entre la gente. Una música galáctica se adueñó del lugar y todo el mundo pudo ver un haz de luz por el que ascendía Él con todo su cuerpo estirado y manchado de sangre. Tomó una posición relevante en el aire y desde allí mandó idiomas nuevos a toda la población.

viernes, 10 de octubre de 2014

Próxima parada.

   Ayer tropecé y caí en una conferencia de cirujanos que debatían sobre nuevas formas y maneras de hacer más útil una cicatriz. Hablaban del aspecto andrógino como inspiración para la realización de los nuevos cortes y de nuestras similitudes con la naranja de Valencia. Uno fue altamente ovacionado tras dar a conocer el resultado de su investigación, la cual demostraba que la araña común tras rociarse con jugo de limón podía actuar como grapa en nuestros órganos acelerando el proceso de cicatrización en un 60% y que ahora estaba intentando mejorar el resultado aplicando pequeñas dosis de cilantro. Hubo uno, que de tanta emoción, tiró cohetes en la sala y todos respondieron con un largo ¡oh, que bonito! Una mujer de unos treinta años mostraba su reciente cicatriz de apéndice recorriéndola con el dedo y explicando que no tendría que gastarse dinero en bolsos de piel debido a la gran cavidad que le habían dejado al experimentar una nueva forma. Añadió que se sentía así más fina y segura y mostró gran agradecimiento al equipo de cirujanos que experimentó en su cuerpo. En la escena apareció un hombre bien entrado en edad, explicaba que debido a la hendidura aparecida en su cabeza tras la operación de tumor cerebral a la que se había sometido, su felicidad había crecido en un 50% pues sus nietos ahora los usaban como hucha. Dijo que se sentía más útil en casa y que ahora no tenía que pedir dinero para realizar sus escapadas para jugar al mus. Sugirió a los cirujanos la mejora del método para la extracción del dinero de su cabeza porque le causaba molestos dolores de cabeza, especialmente con las monedas de dos euros. Yo como no entendía nada, y harto de no saber que expresión poner en mi cara, adopté forma de silla quedando bien integrado en la sala. De pronto, una belleza rubía y de cuerpo excitante entró y con decisión se sentó sobre mí. ¡Qué brusca! ¡Ay, qué dolor! A ver, muévete un poquito hacia la izquierda. ¡Ahora sí! Sube, baja, sube, otra vez… muy bien, así me gusta ¡oh, qué placer! La conferencia terminó y ella se levantó. Me incorporé en la sala y una mano vino buscando bruscamente la mía. Pues muy bien, encantado yo también pensé. Me di media vuelta para terminar solicitanto la próxima parada.

jueves, 31 de julio de 2014

2wTREE - Happiness by design.

“2wTree, a tree in two different worlds" 

   During 2011, I was settled in Singapore and I could experiment how the sunlight is so different around many places of Asia. It was an enjoyable period for travels, photography and design. 

   I was really fascinated working and talking with people from so many different nationalities sharing knowledge and experience. Fortunately this experience gave me the availability to understand and take a cultural approach different to my original thinking. If I have to share things that I have learned in my life in Asia so far, one of them will be love the people that you work with.

Working Together

“We are not as colorful as we think we are”
   I made my first trip to Japan as an ignorant backpacker before reach to Singapore. My sensations were a bit contradictories: one hand, I felt so fascinated because of the colour of the sky but in other hand, I had the feeling that my photos were not really good enough to express my real emotions.

   Months later, I was in a conversation with Ms Narunya Kesmanee, an architect from Thailand who had have similar experience in Japan. She pointed that photography is extremely flexible and we should not forget that we can get an image in less than a second which it means that, if we use the advantages of the digital technology we should have the risk to dare to fail when we are involved in the design process of the image. She remarked about the importance to keep learning from our own faults to use them for making our work different. When we finished our conversation she invited me to visit Thailand, a land that I deeply love it, and we work together to create an image that later on we called “We are not as colorful as we think we are”.
 
   As a lesson learned, we think that there are so many frustrating and confusing things around us. So we guess that to make design matter we must design to enrich experience with emotion, authenticity and beauty.

viernes, 11 de julio de 2014

Los "Expats".

   Él se negaba a renunciar a su whisky, sus criados y sus jóvenes asiáticas por el aburrimiento y penalidades que había vivido en sus años en el Oeste. No le quedaban apenas vínculos con su familia y, con los años transcurridos, había aprendido a pensar por si mismo. El sudeste lo había corrompido. Llegó aquí cuando el opio se podía encontrar en cualquier lugar, desde una casa de una familia rica china hasta una mísera habitación de un simple trabajador de Asia central. Empezó a consumirlo por el dulce alivio que le ofrecía después de sudar tinta en un día de trabajo. Decía sentir alivio de sus dolores hasta el punto de dejarlo ensimismado. En aquel momento, se estimaba que un tercio de la población adulta de esta isla era adicta al opio, conocido como chandu entre los locales. La droga era cara y un trabajador de India o Bangladés podía llegar a pagar hasta dos tercios de su salario por ella. Con el tiempo, muchos de esos trabajadores quedaban reducidos a meras sombras de si mismos, corrompidos hasta llegar al punto de no poder trabajar. En aquellos años, el negocio del opio era muy lucrativo para el gobierno local, el cual monopolizaba el derecho a venderlo a cambio de una tarifa sustancial que aplicaba a aquellos que lo cultivaban. Así fue como él, al igual que otros pocos, pudieron hacer de una gran fortuna hasta que este sistema fue abolido pocos años después de su llegada, pero la droga continuó sin control sobre la población asentada en torno al río que daba nombre a la ciudad isla donde él vivía. Escenas como esta le resultaban más nativas que hablar de la misma España. Sus raíces se habían hundido profundamente en un lugar remoto del sudeste asiático y me prometió vivir en alguna sociedad más civilizada a mi despedida. 


   Me pidió dejarlo solo y yo volví de regreso a la playa. Todo continuaba preparándose para la gran fiesta. Las asiáticas de turno cocinaban satay y salchichas, y yo empecé a entonarme con el whisky. No había música pero, una vez más, la noche se prometía larga y frenética. La gente empezó a traer botellas. El lugar se llenó. Se escuchaban historias de la China y Australia. Viajes a lugares exóticos con colegas y recién conocidos. Había gente de todos lados y nadie parecía sentirse incómodo. Éramos los “expats”, los nuevos hijos de la Europa desempleada que lentamente en el Sudeste nos íbamos encontrando. 

domingo, 20 de abril de 2014

El oficio y las manos.

   "Si te sitúas en las alturas de cualquiera de las azoteas de Chinatown, y dejas el puerto a tu espalda, aparentemente solo te queda maravillarte con la hermosura de la gran pagoda que domina todas las vistas de la ciudad de Yangôn, pero el ajetreo en sus calles te obliga a mirar hacia abajo invitándote a perderte en su bullicio diario y es ahí, donde observarás las sonrisas de sus gentes y te perturbará la gratitud que muestran aquellos que siempre trabajan con sus propias manos. Caminarás perdido, te enamorarás de sus calles y, andando por ellas, descubrirás la cantidad de oficios que en nuestra cultura se quedaron en el camino. Myanmar abrió sus puertas y parecería, por la velocidad que promete, que pronto muchos de esos oficios caerán en el olvido."

   Como arquitecto voy aprendiendo sobre el valor que tiene saber trabajar en equipo y cuando me detuve por el sonido de la fragua de un herrero en Yangôn, me vino a la cabeza los golpes de los artesanos que esculpieron el pebetero de los juegos olímpicos del año 2012. ¡Se han firmado grandes maravillas hechas con las manos anónimas de muchos! Atrás dejé al herrero para llegar a un niño que ayudaba a su padre. Miró a mi cámara mientras terminaba alguna de sus muchas esculturas de buda para turistas. Su mirada desvelaba la necesidad para sobrevivir bajo un oficio en relación a sus materiales de trabajo. Cerca de este niño encontré una escuela donde los críos me hablaron de los oficios que estudiaban, que coincidían mayoritariamente con el de su padre. Yo también fui crío y en el colegio todos éramos hijos de algún oficio: la hija del herrero, la del panadero, el del albañil o el del bar, como este último era y es mi caso. El hecho de redescubrir está misma sensación de infancia a tantos kilómetros de casa sólo empequeñece el mundo. ¡¿Cuánta inocencia encierra la naturalidad con la que de niño se define a través del oficio de su padre?! Y ¿cuánto azar puede guardar la vida para evitarlo? 


   Dejé aquel país tras un buen desayuno en la azotea del último hotel. En mi cabeza se mezclaban referencias literarias de George Orwell con los primeros días en Bagan, la experiencia tan remota de andar entre cuatro, cinco, seis o muchísimas de sus pagodas y el descubrimiento del color rojo de la tierra seca bajo un sol omnipotente con reminiscencias a paisajes manchegos de mi infancia. Pero tal vez, lo más importante de ese viaje fue descubrir todo el gran repertorio en artesanía menuda que define el paisaje urbano de la ciudad de Yangôn, donde en estos tiempos felices con que la gente moderna de las ciudades eleva a condición de culto cualquier objeto de diseño industrial me lleva a pensar que resulta una herejía el simple hecho de pensar que alguien realmente quiera trabajar con sus propias manos.



Postal de Bagan aquí

viernes, 11 de abril de 2014

HELP! …y el trabajo os hace libres.

   Gobiernos ricos que encubren a modo de leyes auténticos campos de trabajos forzados, donde la necesidad humana por sobrevivir hace de la mano de obra, en su mayoría de Asia central y China, un ejército infinito lleno de personas desconocidas, héroes para sus familias, dispuestas a morir con las botas puestas al grito de help. Gobiernos ricos que venden paraísos perfectos mientras explotan a seres humanos por salarios mínimos y cuyos instructores denominan privilegios del trabajador. Gobiernos ricos que ni se inmutan al volver a mencionar aquello de que “trabajo os hace libres”. 
   Localizados en Doha, Bali y Singapur, ya son tres los edificios que guardaré en mi memoria como los más desagradables que he pisado en Asia. H E L P !


Cortesía del Archivo Nacional de Singapur. 


domingo, 30 de marzo de 2014

El amigo camboyano.


 

   Nos hablan de la crisis, los corruptos y los indultos, y lo hacen desde los televisores, los ordenadores y los teléfonos. Algunos son periodistas amantes del ruido por el ruido y otros, muy pocos de ellos, los que saben dar el golpe certero en el momento preciso. Nos narran historias que resultan algunas más desagradables que otras, y nos seducen con lugares distantes a nosotros, sin trasfondo y con opiniones muy livianas. Y en medio de esta marabunta, los hay incluso quienes nos preguntan sobre que tipo de información estamos dispuestos a pagar y yo afirmo al amigo camboyano que pago por una cena exquisita con buenas historias que escuchar.