viernes, 12 de julio de 2013

Yo, fallo de sistema.

  Recuerdo las imágenes que documentaban a algunas mujeres de Ladakh –India- argumentando el éxodo de sus hijos a la gran ciudad. Una vez, un hombre blanco llegó diciendo que necesitaban una carretera y tras su construcción eran pocos los coches que la usaban. Los jóvenes querían ser como el ingeniero occidental y empezaron a abandonar el campo. Los niños se despedían de sus familias con el sueño de llegar a ser como aquel hombre iluminado venido de lejos. Muchos de ellos acababan su exilio jugando al solitario en los locutorios de las grandes urbes. Las madres siguen llorando la ausencia de sus hijos y los niños andan perdidos por algún lugar de la gran ciudad. Todo ello en el nombre del desarrollo mientras recuerdan que en su comunidad nunca necesitaron de ingenieros para hablar de felicidad.   


   Enfrente de mí tengo los planos de un hotel de diseño exquisito con tres años de vida al norte de Shangai y lo van a tirar. El inversor chino se ha cansado y ha cambiado de idea. El responsable del proyecto es un arquitecto malayo de origen chino que pronto se jubila. Mi reunión con él acaba y me dice que resolver los problemas de hoy resulta mucho más complejo. En su origen, se recuerda como un mero diseñador interesado en el conocimiento técnico sobre el detalle constructivo y ahora, centra su atención en la manera de pensar que lleva su firma. A día de hoy, asegura que sus diseños son como una investigación que solapa diferentes campos de pensamiento; a veces el científico, otras el psicológico y, de manera más literaria, la de narrador de historias. 

   Yo, que llevo la marca de occidental en mi cara, sé que ese pensamiento no es nuevo. Ya nos lo contaban en el colegio. 500 años atrás, durante el Renacimiento, Leonardo, Miguel Ángel y sus colegas practicaban regularmente ese pensamiento híbrido causando arte, ciencia y literatura con el que interactuaban con sus contemporáneos. Modos de pensar que producen ciertas sinergias que los profesores de la escuela nos inculcaban a modo de pautas sugerentes y motivadoras. Esos mismos arquitectos-profesores que nos juzgaban lapidariamente a principios del 2000 y nos hablaban de cómo forrar 5000 m2 de fachada con acero corten como elemento de moda y no de aluminio, ya que este último había quedado relegado a un material de provincias a esa altura. Teoría de la Arquitectura lo llamaban. Algo que con el tiempo se ha demostrado que no eran más que opiniones perversas en una época de abundancia ficticia. 

   La mesa está llena de dibujos sobre ese hotel, los cuales el arquitecto se propone recoger ahora y mientras tanto me dice tener las manos infectadas por el desarrollo salvaje que vivimos. Al fondo, la silueta de varios arquitectos recién licenciados llegados de países cercanos a Singapur redibujan los planos de lo que serán sus “obras completas” y, en frente suya, yo mismo que intento creerme la lírica absorbida con sus pensamientos desde la aproximación a él como especialista en otro área de la misma disciplina, sabiéndome ya como una pieza que comienza a dar error dentro de todo este endiablado sistema.



   (Comparto el vídeo "Fading Lives" cortesía Tyni Carousel, ver aquí.)


lunes, 1 de julio de 2013

Entrevista en LANZA CIUDAD REAL.





Entrevista en el periódico LANZA CIUDAD REAL publicada el lunes, 1 de Julio 2013, en las páginas 4-5.


Acceso a la entrevista completa aquí.