domingo, 9 de junio de 2013

El Sudeste, el infinito o el más allá.


El Mundo según George Orwell.

   Indonesia son aproximadamente 17.508 islas con un número de habitantes difícil de censar, que va desde 240 millones, pasando por 300, llegando a los 400 y hay quienes hasta se atreven a duplicarlo. Hablo de gente, mucha gente en un territorio casi salvaje que destaca por proporcionar una inagotable reserva de mano de obra muy barata. En definitiva, controlar este archipiélago es disponer de centenares de millones de trabajadores no cualificados, mal pagados y muy resistentes. A día de hoy, me parecería más acertado hablar de una experiencia personal que de una carrera profesional ya que durante este tiempo me estoy moviendo por la parte Este de ese cuadrilátero con sus ángulos en Tánger, Brazzaville, Darwin y Hong Kong, el cual contiene casi una quinta parte de la población de la Tierra y sus habitantes son reducidos más o menos a la condición de esclavos como bien apuntó aquel periodista y novelista británico, George Orwell.

    No hace mucho un jefe de obra indonesio me contaba su infierno diario en Bali. Más allá de algunos errores en su planificación y la falta de coordinación con el contratista principal, se le añadía a su odisea la dificultad de encontrar soldadores especialistas en acero inoxidable para la obra. A priori, algo que resulta paradójico si pensamos que estamos hablando del cuarto país más poblado del mundo pero que, no es de extrañar debido a la falta de protocolos de calidad y medidas de seguridad no aplicadas por las multinacionales para la ejecución de algunas de las obras que he visitado por aquí. Dudo de la voluntad humana para ejercer la profesión de soldador en un país donde es bien sabido que muchos de sus soldadores quedan ciegos con los años. Aquí cualquier reunión tiene un capítulo dedicado a la antropología del lugar cuya tarea central consiste en demostrar la relación entre lo particular y el conocimiento universal para el entendimiento común de todos los miembros del equipo multicultural. Y es, en esta aspiración de alcanzar una unidad de saber común, donde surgen unas fuerzas creativas que hacen posible que todo conocimiento sea al mismo tiempo una experiencia estética. Es, en la aproximación de dar sentido a esa realidad, donde encuentro la imaginación como motor de las creencias y pasiones humanas, donde el afán por llegar a un ideal de conocimiento mucho más completo pasa de largo por el pensamiento, técnica y arte debido al mero objeto arquitectónico que ahí nos convoca. 

   Lejos queda ya el recuerdo de aquel gran fuerte abrazo en común con una pareja de buenos amigos de la universidad deseándonos lo mejor en nuestras carreras profesionales a finales del 2008. Con esa idea crucé inocentemente el control de pasaporte del aeropuerto de Barajas rumbo a Oriente Medio para llegar, luego más tarde, al sudeste asiático, pero también diría que ésto podría tratarse del infinito o el más allá.